Las escuelas de negocio, a debate

El suplemento Negocios de El País publica hoy la crónica del debate que sostuvieron representantes de las principales escuelas de negocio españolas y Florence Noiville, autora del libro Soy economista y pido disculpas, publicado por Ediciones Deusto.

Dado que en su libro Noiville critica con vehemencia la enseñanza que los estudiantes reciben en las escuelas de negocio –en especial la que ella recibió en la École des Hautes Études Commerciales (HEC) de París, a la que acusa de educar en la doctrina neoliberal de la maximización a toda costa de los beneficios a quienes a la postre fueron responsables de la actual crisis económica- en Ediciones Deusto nos pareció adecuado organizar un debate entre la autora y representantes de las principales escuelas de negocio de nuestro país, en el que tratar la educación que se imparte en estas últimas y analizar qué cambios han sufrido sus programas a raíz de la reciente hecatombe financiera.

Propusimos el debate a Carmen Sánchez-Silva, de El País Negocios, quien enseguida se mostró encantada de participar y de hacerse eco del mismo en las páginas del suplemento de negocios. Tras ello invitamos a Marcel Planellas, secretario general de ESADE, a Francisco Navarro, vicedecano de IE Business School y a Santiago Álvarez de Mon, profesor de IESE.

La cita era a las 19:30 del lunes 19 de septiembre en la sede de Planeta en Madrid. Todos los participantes llegaron con los deberes hechos, es decir, con el libro leído y las ideas claras sobre la postura que iban a defender. No obstante, y tras unos minutos iniciales algo fríos y en los que, como si de jugadores de mus se tratara, parecía que todos estuvieran “estudiando” al rival, pronto los puntos de vista empezaron a confluir hacia un consenso común según el cual las escuelas de negocio pueden haber tenido algo de responsabilidad en la gestación de la actual crisis económica, pero sin duda no la única ni mucho menos la más importante. Asimismo, se puso encima de la mesa la necesidad de reorientar la formación que reciben los estudiantes con el objetivo de que los valores y la ética esté más presente en sus programas, analizando no sólo los resultados económicos que una determinada acción puede suponer para una empresa sino también para el resto de stakeholders.

En este sentido, Francisco Navarro, del IE, aseguró que ya han introducido elementos de finanzas sostenibles y de gestión del riesgo en sus asignaturas de finanzas y recordó que el IE ha creadola ONG Financieros Sin Fronteras (FsF). Marcel Planellas, de ESADE, comentó la creación del Instituto de Innovación Social y Santiago Álvarez de Món recordó que en sus clases fomenta siempre el pensamiento crítico.

En mi opinión, y así lo expresé al cierre del debate, las escuelas de negocio deben sin duda fomentar en sus programas educativos los valores básicos que todo directivo debe tener, tales como el respeto, la honestidad, la humildad, el afecto o, entre otros, el valor de la palabra dada, pero no creo que a las escuelas de negocio pueda acusárselas de ser las responsables de la crisis, en parte porque, a mi juicio, tampoco puede uno responsabilizar a las escuelas de negocio de los actos o acciones que realice un directivo tras su paso por una de ellas.

A mi juicio, la responsabilidad última cabe siempre encontrarla en el propio directivo, pues es éste, independientemente de la educación recibida, quien comete el acto. En este sentido, soy de la opinión de que las escuelas de negocio no tienen la capacidad, como sí opina Florence Noiville, de “formatear” a los estudiantes, convirtiéndoles en potenciales malhechores corporativos. En mi opinión, si un profesional, tras su paso por una escuela de negocios, acaba convirtiéndose en alguien capaz de realizar una acción a sabiendas de que ésta repercutirá negativamente en otra persona u otro colectivo, la responsabilidad es sólo suya y, muy probablemente, esta capacidad destructiva ya la traía incorporada de casa. Es decir, es posible que en la escuela de negocios haya afilado sus herramientas y haya aprendido a hacer con ellas un uso más destructivo pero, en ningún caso, cabe señalar a la institución educativa como responsable de sus tropelías.

En mi caso particular -estudié el MBA Part Time de ESADE-, no considero que mi paso por una escuela de negocios influenciara negativamente en mi ética profesional, sino, más bien, creo que fortaleció los valores éticos y de responsabilidad social que ya defendía antes del inicio del MBA y, sin duda, robusteció mi creencia de que un buen profesional debe ser, ante todo, una buena persona.

Mi agradecimiento a Carmen Sánchez-Silva por cubrir el acto y escribir sobre el mismo, a los profesores Marcel Planellas, Francisco Navarro, Santiago Álvarez de Mon por participar, a Florence Noiville por escribir el texto que originó el debate, y a Sira Coll, Responsable de Comunicación de Ediciones Deusto, por organizarlo.

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